De las víctimas y su configuración...

En muchos países de occidente se ondean banderas en defensa de las víctimas de agresión sexual, muy especialmente, la de los menores abusados. Nos hemos puesto a pensar en realidad ¿Qué es una víctima?

Al hablar de víctimas desde una perspectiva legal, moral, personal, médica o cualquier otra, nos obliga a comprender que este fenómeno no puede entenderse como un hecho aislado y que como mínimo debe contemplar tres elementos constituyentes a saber: La víctima, el victimario y el hecho que los define como tales. Por lo anterior, mirar sólo una cara de la moneda nos ofrece una distorsión cognitiva del fenómeno y nos lleva a un craso error de interpretación.

Comencemos por decir que hay unas víctimas más importantes que otras. Las hay de primera, segunda y tercera clase. Algunas anónimas otras no, algunas que no se sienten tales, otras que sí, pero hay unas fundamentalmente importantes para agendas privadas y especialmente expuestas en agendas públicas: Los menores de edad que han "padecido abusos sexuales.”.

Configuración de Víctima
Si miramos desde el aspecto legal, una víctima es aquella que sufre un daño provocado por una acción u omisión, ya sea causada intencional o inconscientemente por parte de una persona (victimario), que provoca efectos negativos en la integridad y dignidad de la persona. (Puede extenderse a colectivos de uno u otro lado). En el aspecto legal el carácter de víctima lo asigna la configuración de un delito, no el asumirse como tal o el ser señalado por alguien. (Víctima = Sujeto + daño + victimario + efectos)

Mirar las víctimas desde el aspecto político es entrar en una discusión histórica. Acá sólo me atrevería a mencionar que es un asunto de poder. La tradicional dicotomía entre el que tiene el poder y el que carece de él. En el caso del fenómeno de los abusos sexuales de menores, me aventuro a decir, tal vez a la ligera, que en gran medida podría ser una extensión del fenómeno victimista del feminismo... ¿Machos agresores contra mujeres y niños indefensos? Es un tema por discutir.

Cuando nos acercamos a la víctima desde el ámbito moral, las fronteras se comienzan a diluir. Entramos al juego maniqueo del bien y del mal. De lo bueno y lo malo y sus interminables discusiones e imposibles acuerdos. ¿Quién está en capacidad de definir lo bueno y lo malo especialmente en la erótica y la amatoria de los seres humanos? ¿Cómo desde la moral, comprender el debe ser y/o lo inapropiado en el caso de la sexualidad de aquellos que consideramos menores? Víctima moral, y víctima moral de un abuso sexual de menores, es algo tan ambiguo como el concepto madurez, en el caso de los adolescentes.

En el área médica las cosas pueden ser más simples si así lo queremos. Es víctima de algo quien lo ha padecido. Así, sentir un daño, dolor, enfermedad o pena por un hecho, configura a la víctima como tal. Si no hay estos presupuestos, no hay víctima como tampoco victimario. Sería presuntuoso decir que acá se acaba el tema médico, porque si de hilar fino se trata, en una relación consentida de dos adultos puede haber dolor sin que haya víctima o se genere pena. Pero de todas podía pensarse que es la mas simple.

Por último, y tal vez el mas delicado de todos, está la configuración de víctimas desde el aspecto personal. Ser víctima es una categoría del ser. Puede ser transitoria o permanente, puede ser pesada o ligera, puede ser insoportable o altamente soportable, cómoda y hasta benéfica. Siempre que desde lo personal hay una auto-configuración de víctima se permite una instrumentalización de si para un fin particular (propio o ajeno): Léase cruzada en contra de... lástima a favor de.... movilización en pro de.... y para algunos, esto simplemente funciona.

En otras palabras, hay víctimas que nunca supieron que lo eran o no lo fueron aunque para otros sí eran tales, hay víctimas que dejan de serlo, hay víctimas que quieren dejar de serlo, como hay otras que el hecho de ser víctimas les permite SER.

En el caso de las últimas, ellas adquieren un carácter de sacralidad y sus defensores heredan un sacerdocio que ponerlo en duda es anatema. Pero tienen una condición, sufrir in saecula saeculorum para conservar su estatus, por eso es necesario, apremiante e implacable, endosarle traumas irreparables al hecho, (en al abuso sexual de menores, por ejemplo), para garantizar su perpetuación como tales.

Para terminar....
Sé que hay muchas víctimas que no lo son, otras que lo son y necesitan nuestra atención total. Sin embargo, me cuestionan las consecuencias del hecho que las configura como tales. ¿Que no haya consecuencias irreparables significa que el hecho sea más o menos grave? ¿Superar el hecho lo hace más o menos víctima?. Es claro que negar las consecuencias de un hecho que configura a una víctima sexual, en la actualidad, es ser apóstata de la ciencia victimológica, especialmente si a esta le han mezclado algunas corrientes de medicina forense, psiquiatría o psicología por algún lado. Nada más peligroso que un fenómenos social o político revestido de ciencia para darle legitimidad.

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¿Placer o Reproducción? Respuesta a un lector.

Nos dice un Lector:

“Desde marcos psiquiatricos y psicológicos tengo entendido que se habla de "normal" en cuanto se encaja en una norma establecidad, creo que el aspecto sexual no está muy lejano a esto.

Para comprender esta "normalidad" se debe responder a al pregunta "cuál es el fin del sexo?" (...) La Santísima Iglesia nos dijo mucho tiempo que era con fines reproductivos, pero con el tiempo esto se desmintió; ahora en pleno 2010 creo que se reformula la respuesta, pues si bien el sexo grupal, entre personas del mismo sexo, anal, oral, objetal, y otra gran gama de sexo no-reproductivo es visto como "normal", existen otra serie de prácticas que definitivamente se salen de este marco.

Creo que en lo que da a entender el DSM IV, las Parafilias existen cuando el placer sexual sólo se produce cuado se realiza una práctica específica o un "hecho sexual" como aparece en este artículo. Creo que lo "normal" existe y que ahí entramos nosotros.”

Gracias por el comentario y creo que de eso hay mucho que hablar. Trataré de hacer algunas claridades y aportes al tema.

Hasta hace algunas décadas como bien lo mencionas, cuando se hablaba de sexo se pensaba en Reproducción, luego, gracias a la llamada Revolución Sexual, se pensó de manera primordial en el Placer, pero a estas dos corrientes y a muchos de los que aprendimos inicialmente de ellas se les olvidó y se nos olvidó que “Sexo, placer y reproducción son tres conceptos y no dos” como lo explica bien el Dr. Efigenio Amezúa importante sexólogo español en su texto de Sexología General.

Así, el Sexo es lo que se Es, y tiene su función; La Sexuación, es la forma en que nos hacemos hombres y mujeres; La Erótica, es cómo nos atraemos los sexos (a veces los diferentes a veces los mismos); La Amatoria, es cómo convertimos esa erótica en un arte de dos, cómo se cristaliza; La Pareja la forma en que se perfecciona ese eros y esa amatoria; y La Procreación, la posibilidad de perpetuación de la pareja.

Si miramos este mapa, podemos intuir que pensar en placer o reproducción (puro locus genitalis) como los fines de ser sexuado, es algo pobre. El fin ya no es el placer o la reproducción, ni siquiera la suma de los dos, es el cultivo en sí de los seres sexuados y su crecimiento biográfico, desde sus experiencias, como sujetos en constante transformación y crecimiento. Seres con Modos, Matices y Peculiaridades cultivables.

Por eso, hablar de Normal, pierde su validez. Para el RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua) 1  Normal es todo aquello que sirve a una norma o a una regla, que se ajusta a normas fijadas de antemano, pero esto no significa que sea per se bueno. Me explico: Siempre el poder puede establecer la norma y fijar los estándares de normalidad y no por eso son los mejores para los individuos. De ahí que mi posición frente a quien se sale de la norma, es decir que es anormal, no significa que sea malo y debamos entrar a juicios.

En su momento, aquel que se salía del modelo Reproductivo era anormal. Luego, aquel que pensaba en el eros y en la amatoria y no le apostaba al desorden sugerido por la Revolución Sexual, también lo era. Ahora, aquel que se salga de los estándares de los manuales de diagnóstico, como lo es el DSM IV lo es.

¿Se comprende lo que te quiero decir? Siempre habrá una norma y alguien fuera de ella marcado y/o marginado por esa razón.

El DSM IV dice que una Parafilia “Se caracteriza por impulsos sexuales intensos y recurrentes, fantasías o comportamientos que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales” También dice: “Para algunos individuos, las fantasías o los estímulos de tipo parafílico son obligatorios para obtener excitación sexual y se incluyen invariablemente en la actividad sexual. En otros casos las preferencias de tipo parafílico se presentan sólo episódicamente”

Entonces, no pensaría que el problema de las Parafilias, a lo que la sexología llama Particularidades Sexuales, “Sea la inclusión invariable en la actividad sexual” como usted lo menciona, y tampoco que sea lo más importante.

Respecto al DSM IV, con él que no me afana emprender una batalla campal en este Blog, deben ser más importantes los individuos y su bienestar que la forma en que decide nombrarlos el poder que adjudica normalidades o anormalidades. Por eso, antes que calificar, angustiar con el lenguaje o ponerse en la tarea de curar, la pregunta debería ser cuál es el grado de malestar en el sujeto o en la pareja, y si existe, puede que él o ella como sujetos sexuados, o la pareja, tengan una Dificultad Común que a su solicitud deba ser intervenirla.

Mal harían los sexólogos, a una pareja que no presenta malestar, definirle qué es o qué no es adecuado, o decirles que son disfuncionales o enfermos.

Gracias por leerme y por el comentario.

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Vicios, pecados, disfunciones sexuales o dificultades comunes.

Gracias a la fuerte influencia Estadounidense actual y de sus poderosas herramientas como el DSM IV (Manual Disgnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association) casi todos los seres sexuados, sin excepción, hemos temido ser disfuncionales sexuales, o lo que es peor, enfermos incurables de patologías extrañas e innombrables.

De ahí que cualquier problema o dificultad sexual sean para algunos “expertos” en la materia delicados trastornos como el deseo sexual hipoactivo, la anorgasmia, la dispauremia, la eyaculación precoz, etc. o una de las muchas parafilias que reprimir, juzgar, ocultar, y con la cuales luchar en silencios avergonzados.

El poder de nombrar las cosas
El ser humano sabe desde sus inicios que nombrar las cosas es tener poder sobre ellas. Nombrar algo es un signo de poder que permite describir, calificar o descalificar, y en la mayoría de los casos, poseer. Lo mismo pasa con las personas, nombrarlas permite calificarlas y esto, consecuentemente es la puerta de entrada a clasificarlas, jerarquizarlas, incluirlas o excluirlas, y en muchas oportunidades valorarlas por esos anteriores argumentos.

Vicioso, pecador y delincuente, han sido por muchos años formas de referirse a los sujetos sexuados gracias a matices (heterosexual u homosexual) y particularidades discordantes con el Orden Sexual establecido. En pleno siglo XXI, estos epítetos aparentemente desaparecidos han dado paso a nuevas calificaciones como “enfermos” o “dis-funcionales”, que no son otra cosa que eufemismos avalados por las ciencias médicas y psicológicas al servicio del Orden Sexual imperante. Siempre que alguien tema, le preocupe, le genere angustia la gravedad de una “patología” o una “disfunción”, hará parte del juego de estas ciencias.

Una de las salidas
Una de las salidas a esta encrucijada, no la única, pero la que hoy quiero presentarles, es comprender que la mayoría de estos problemas “graves” que tanto nos atemorizan, no son sino problemas comunes a muchos de los individuos y que lo que hace falta para desmontarle su poder intimidante es informar-se y educar-se al respecto. Con estos dos elementos se fracturará la a-normalidad que tanto tememos y con la que algunos nos manipulan y todos aquellos que tengan un problema sexual serán normales, (palabra que no me gusta para nada) entendido tal, como lo que le puede suceder a la mayoría de los sujetos sexuados.

Este primer paso desde la educación abre una puerta que supera Las Curas o Las Reparaciones, y es un reto a dilucidar en nosotros Los Orígenes y Las Explicaciones a lo que sucede. Así, los sujetos sexuados estarán cada vez más lejos de las historias clínicas y más cerca de las biografías sexuales, así se liberará a los sexos, des-patologizándolos, des-pacientizándolos.

Si se deja de nombrar a los sujetos sexuados, se deja de calificarlos usando las investiduras o los sacerdocios que otorgan las ciencias, si se abdica a ese poder, se le estará entregando la posibilidad al sujeto de ser ya no un vicioso, enfermo, pecador o dis-funcional, sino alguien que puede aprender de su Hecho Sexual, que puede auto-comprenderse y auto-resolver aquella dificultad que por alguna razón le genera molestia pero que no lo marca ni lo define. Los problemas sexuales o las dificultades comunes no pueden definirnos, son accidentes en nuestra biografía sexual. Con esto, se comprenderá que hay una diferencia muy grande entre SER dis-funcional y TENER una dificultad.

Rupturas necesarias
Razón tenía Ellis
(Henry Havelock Ellis) cuando se refería a que los sexos ofrecen más variedades cultivables que trastornos curables, y no se puede permitir que se sigan convirtiendo en problemas especiales lo que son dificultades comunes, olvidando de paso, las variedades cultivables.

Tenemos que liberarnos de la tiranía del diagnóstico, para acercanos con paso firme y seguro a la episteme de los sexos. No digo con esto que con nombrar “dificultad común” lo que nos sucede deja de ser importante para nosotros, deja de afectarnos o de ser difícil. Tampoco, que sólo con conocer el problema este se soluciona, o que la educación siempre sea suficiente. Se que algunas de las veces se tendrá que recurrir al asesoramiento sexual o incluso a la terapia, pero si se logra, como dije anteriormente, que el sujeto sexuado comprenda que tiene un problema, la mayoría de las veces común y solucionable, pero que éste no lo define como sujeto sexuado, que es un accidente en su biografía sexual, dará un primer y gran paso para solucionarlo.

 

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Ars Amandi, ars aeternus

El arte de la guerra o el de gobernar, exigen sin duda altas capacidades de hombres y mujeres para que la empresa iniciada llegue a buen término, se requiere además, el apoyo indispensable de estrategias finamente elaboradas y fielmente ejecutadas. Publio Ovidio Nasón (43 aC – 17 dC), nos presenta El Amar como un arte equivalente a la guerra, donde el enemigo es el ser amado, y vencerlo, es lograr su complacencia. También nos permite ver este arte, como el de gobernar, en donde el dar y recibir, el negar y conceder, el mostrar y ocultar; son parte de la estrategia.

Ars bellum, ars eloquentiae, ars rhetorica, etc; exigen disciplina de unos pocos, pero sin duda hay un arte que a todos nos interesa: al gobernante y al sirviente, al rico y al pobre, al hombre y la mujer, al afortunado y al desdichado; y es el Arte de Amar.

Dejándome seducir por Ovidio me sorprendí fundamentalmente de su vigencia. Es increíble cómo los paseos y edificios públicos, el circo, el foro y los teatros del principios de nuestra época y los comportamientos por él sugeridos allí, pueden traspolarse sin mayores modificaciones a los centros comerciales, el cine, los bares y a las discotecas actuales. Ovidio, el poeta de otrora, fácilmente sería el seductor natural de nuestro tiempo. “Pero tú sobre todo cazarás en los graderíos de los teatros; estos lugares son más fecundos que tus propios deseos. Allí encontrarás lo que puedes amar, lo que puede divertirte, la coqueta pasajera que obtendrás por una sola vez y la que quieras retener”.

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de asistir a una fiesta de Quince Años que en mi país es la presentación en sociedad de las adolescentes y, según ellas, uno de los días más felices de sus vidas. Para mi, este acontecimiento, no deja de ser una ceremonia oficial donde son presentadas las nuevas mujeres en una especie de extraño anuncio de fertilidad, otorgándoles la licencia para ser cortejadas.

La fiesta de Quince años, fue en un barrio popular de la ciudad y estaba organizada por una familia modesta que se dio a la tarea de armar una carpas, para celebrar lo que a su parecer era un banquete sin igual, y en torno a su única hija, dar rienda suelta a un festín de licor y seducción.

El evento fue para mi un laboratorio. Me dediqué a seguir de cerca las manifestaciones del eros de los y las jóvenes entre los 13 y los 16 años que allí se encontraban. Para mi sorpresa, parecía que a mi lado estiviese Ovidio escribiendo su libro y enseñando como alcanzar el objetivo deseado.

Observé con detenimiento esa noche, a una pareja. Ella de 15, el de 14 años. Los dos, empapados de Eros y exudantes del deseo de concretar esa noche, preferiblemente “a quien retener”, pero conformados satisfactoriamente con “a quien seducir”.

“Siéntame muy cerca de la mujer, ya que nada te lo impide, aprieta tu lado al suyo cuando puedas” dice Ovidio para el circo, en este caso, fue la primera decisión del nuevo amante, en el estrecho espacio de la fiesta de Quince Años. “Entonces busca entablar la conversación con la compañera y tus primeras palabras sean de carácter general (…) Cualquier pretexto sea aprovechado para tus atenciones”. Diligente, el joven, le traía de comer.

En ese festín intervino el infaltable Baco... “Frecuentemente allí el purpúreo Amor atrayéndolos con tiernos brazos, estrechó contra sí los cuernos de baco embriagado y cuando el vino ha empapado las alas de Cupido, éste se queda allí como inmóvil en aquel lugar que ha escogido”. Juro por los dioses que vi a Cupido aleteando sobre esa pareja, inmovil y empapadas sus alas, cuando el chico le traía una y otra vez tragos de licor a la joven, que aceptaba tímida en apariencia los ofrecimientos. “El hombre no sabe disimular, la mujer oculta mejor sus deseos”.

-“¿Tienes novio?” Pregunta obligada.
- “Si,” respuesta sorprendente.

Confieso apenado que pensé que la mentira era la mejor opción en ese momento. Ambos adolescentes reconocieron sendos compromisos. Pero el cortejo antes que disminuir, aumentó intensamente, como si lo prohibido fuera el combustible ideal. “La mies es siempre más lozana en los campos ajenos y el ganado del vecino tiene más hermosas las ubres”

Pasaban las horas, el festín continuaba, y los amantes no se movían del rincón, al lado de mi mesa, desde dónde yo escuchaba, casi con descaro evidente, como se impresionaban, se ruborizaban, se reían mientras Saturno era su cómplice y la noche su testigo.

Ya los besos y las caricias marcaban el ritmo de la conversación. Sonrisas, miradas, silencios, susurros, hacía de la comunicación de los amantes, un lenguaje propio y excluyente a quien como yo espiaba imprudente su encuentro.

- “¿Te volveré a ver?” le decía la joven al galante adolescente.
- “Claro que si.. ya tengo tu Facebook y te agregue al MSN.”
¿Sería cierto?

Pero sin duda, esas promesas encendían de nuevo los besos de los enamorados que ya sin reparo se deslizaban hasta el cuello. “Promete con largueza; las promesas atraen a las doncella; pon a los dioses por testigos de tus promesas. Júpiter, desde lo alto de los cielos, se ríe de los perjurios de los enamorados y ordena que los vientos, que están sujetos a Eolo, se los lleve sin defecto.”

Debí excusarme de la reunión antes que ellos, con lamentable resignación dejé a los amantes. No sé si aquello comenzado terminó como esperaban, no sé qué esperaban de ello, no sé si la pasión los llevaría a otro lugar, a otra instancia, no sé si él mereció perder los besos y las caricias dadas. “El que ha besado y no ha tomado lo demás, merece también el perder esos besos que ha dado.” Tampoco sé si los amantes alcanzaron la plenitud que imagino deseaban: “La plenitud de la voluptuosidad se consigue cuando la mujer y el hombre yacen vencidos los dos a la vez”.

Caminé un poco para salir de allí y recordé a Ovidio: “Siquis in hoc artem populo non novit amandi, Hoc legat et lecto carmine doctus amet” Ellos no lo necesitaron, yo si lo hice para contemplar en ellos el natural, gratificante, incierto, eterno, y por todos deseable: Arte de Amar.

 

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El Necrófilo

- Comentarios a un amigo -

Esta semana publiqué en mi Facebook lo siguiente: “Seducción, repugnacia, empatía, molestia, complicidad y hasta benevolencia, son algunos de los sentimientos que puede inspirar El Necrófilo de Gabrielle Wittkop.
Recomendado... No apto para seres de estómago liviano.”

Gracias a ese comentario, he tenido con mis amigos varias discusiones interesantes respecto al tema de la Necrofilia. Un espinoso tabú de nuestra cultura que en muchos casos toca fibras delicadas de los sentimientos más íntimos.

Una de esas discusiones es un correo de un buen amigo educador. Quiero compartirles algunos de sus planteamientos y mis sencillos apuntes al respecto. No pretendo con ellos defender o atacar per se la necrofilia, solo compartir algunas ideas con alguien que se animó a leer la obra y se atreve a hacerse preguntas al respecto. Mis apuntes fueron posteriores a su texto, para hacer más fácil la lectura los presento intercalados con los suyos.

Lector:
“¿Se podría hablar de particularidades sexuales y aceptar todas sus manifestaciones sin emitir algún gesto de aceptación rechazo? ¿Es posible, acaso renunciar a lo que como sujetos hemos formado y tener disposición a aceptar lo que otros hacen sin calificarlo?”

“Bajo estas dos preguntas quisiera abordar la obra de Gabrielle Wittkop, y expresar que no existe forma alguna de no manifestar nuestra subjetividad cuando nos encaramos con otra realidad lejana a la nuestra, por más profesional y objetivo que se trate de ser, por más que esas nuevas concepciones que aprendemos abran nuestra mente, existe un algo en el fondo de cada persona que no se deja permear por las nuevas teorías sexuales y que permanece ajeno a nuestra intención de aceptar todo como normal.”

Sexocupados:
“Absolutamente de acuerdo contigo. No es posible para el ser humano ser totalmente objetivo en cualquier tema. Siempre, estaremos permedados por lo que somos, y eso incluye lo que nos han enseñado desde pequeños, lo que hemos aprendido por nuestra propia experiencia, lo que hemos vivido. Interpretar no desde lo que somos no tiene ningún problema, el problema está en hacer de nuestra experiencia, nuestra creencia, nuestros estándares, la única carta de navegación posible de los demás.

La sexología no pretende “Aceptar todo como normal”, pero sin duda alguna está dando una gran batalla para que dejemos de mirar casi todo como “Anormal”. Por ejemplo... la masturbación, fue hasta hace poco vista algo pecaminoso y causal de enfermedades; las relaciones sexuales de pareja fuera de la intención de procrear, como pecado o pervesión; y la homosexualidad como un castigo divino, algo antinatura, un tema innombrable y de vergüenza.

Estos tres simples ejemplos nos dejan entrever que la normalidad es mutable y seguirle el juego a esas tipo de calificaciones nos convierte en jueces de la sexualidad del otro, asunto que no nos corresponde de ninguna manera. Ser abiertos a mirar otras realidades, otras eróticas, otras amatorias, no nos convertirá en seres objetivos (no creo que eso sea posible), pero si nos hará por lo menos respetuosos, y ese es un gran paso inicial.

Lector:
Es inevitable que nuestros músculos faciales se queden inmóviles al leer que una persona, sin sexo porque no interesa, sin edad porque tampoco es relevante, tiene relaciones con un difunto; se entendería que la belleza no se pierde con la muerte y que en nuestra elección de objeto sobrepasamos los limites que nos da la vida, lo que no se comprende”.

Sexocupados:
En el caso del Necrófilo, y como lo expone Gabrielle Wittkop en su novela, no es la belleza lo que lo seduce, es el componente erótico de ese encuentro con el otro. Es lo que le genera a él o a ella la experiencia con el difunto. Hablo del otro, porque eso es para él. No es un objeto inanimado, es un ser con el que se permite fantasías, juegos, ideaciones y hasta del que alcanza a enamorarse”.

Lector:
Soy participe de la idea de una sexualidad no reproductiva, de la vivencia libre de cada particularidad sexual, pero no por ello veré ni aceptaré toda práctica como normal, pues se hace necesario tener un margen para que no caigamos en una completa perdición.

Sexocupados:
Que bueno que seas “partícipe” de una sexualidad NO SOLO reproductiva (La reproducción es un componente importante del Hecho Sexual Humano).

Se que debe haber límites. ¿Pero cuáles? ¿Quién los fija? ¿La religión? ¿Las leyes? ¿Tu o Yo?.

Yo, hasta ahora he tratado de fijar el mio, y créeme que tengo dificultades con ello. Trato de creer que el verdadero límite es el consentimiento del otro. Dentro de la pareja y su consentimiento se fijan los límites, por escandalosos que para nosotros parezcan. Esto permitiría pensar que acepto más fácil la necrofilia que la zoofilia donde no hay consentimiento del animal y puede este sentir dolor o ser violentado. Te puedo decir que aún no resuelvo del todo mi posición frente a los muerticos, porque además no me compete si he de hacerlo para juzgar al otro. Cuando me enfrente a un paciente con estas características, elaboraremos los dos (el paciente y yo) ese proceso y nos daremos cuenta si es un problema o no, para él. Lo que si tengo claro, sin duda alguna, es que el límite no es el de la moral sexual social del momento”.

Lector:
Hace parte del siglo actual ver todo como normal, resaltar las minorías, aceptar la individualidad y romper aquellos paradigmas que pretendían enmarcarnos, pero aunque esta se la tendencia no quiere decir que sea lo mejor; de vez en cuando, por nuestra calidad de humanos, se nos hace necesario tener una regla que no nos permita perder dicha calidad”.

Sexocupados:
Estamos de acuerdo. Las tendencias de unificación de los grupos sociales, de hacer generales las particularidades, lo que hacen en muchos casos es invisibilizarlas y no aportarles para nada. Ese fue el error, a mi parecer, de algunos movimientos feministas, los llamados “De la Igualdad”. Luchar por meternos a todos en el mismo saco no es para nada conveniente. Lo que nos hace ricos es la la variedad en todos los aspectos, incluyendo en el que nos ocupamos hoy: en el Hecho Sexual Humano y especialmente en la erótica y la amatoria.

Hay algo que no comparto contigo. Creo que aceptar la individualidad es apremiante. No existen dos seres sexuados iguales. Cada uno tiene su propia biografía sexual, su matiz, sus particularidades. Con estos elementos ese ser es único, irrepetible y valioso. Por eso, hablar de Las Mujeres, hablar de Los homosexuales, hablar de Los Pedófilos, hablar de Los Necrófilos, hablar de los Los xxx o Los yyyy es una falacia. Hay elementos en común, que nos permiten ciertas aproximaciones, por lo demás, cada biografía sexual tiene nombre y apellido.

Lector:
Hay prácticas sexuales que obedecen a nuestros instintos, otras a nuestras necesidades y las últimas, las más extrañas, a nuestros caprichos”.

Sexocupados:
Me gusta mucho esa idea. La masticaré muy despacio.

Lector:
En la obra del necrófilo podemos apreciar como esta supuesta perversión se podría marcar fácilmente como la “peor” de todas, puesto que bajo el título de “muerto” se puede incluir el niño

Me pregunto entonces si la única característica que debe tener el objeto de un necrófilo es la de la muerte, pues en el diario no se ve discriminación por sexo ni por edad. De igual forma puede producirle placer un bebé recién fallecido o una anciana, un joven de 15 años o una mujer de 40.”

Sexocupados:
El objeto de deseo del necrófilo no es sólo el muerto, sino también su relación con él. Hay un componente importante de fantasía erótica, de historia construida desde los imaginarios. Por eso, la no discriminación que llamas (por sexo o edad), es absolutamente natural a este personaje. Sin embargo, mira que en la propia historia del libro, el personaje desprecia al bebé por sus carnes blandas. Su carne me parecía tan sosa como una sopa de leche”. No le inspira lo suficiente, eso nos permite ver que su relación no es objetual, es subjetual, y que interviene algo más que un deseo primario, que hay una elaboración y una relación con cada uno de los cadáveres”.

Lector:
Vivir la particularidad sin causar daño alguno a otra persona, salvo por consentimiento de la misma.”

Sexocupados:
Estamos de acuerdo mi buen lector, te lo decía arriba. Cuando hablamos de los límites.

Esa puede ser una de las conclusiones importantes que tu y yo sacamos de este tema. Sin embargo no es la única y puede que no sea la más importante. El tema queda abierto para que cada uno de los lectores de este blog saque la propia, desde su biografía particular. No pretendemos defender o atacar esta particularidad erótica. Pretendemos, definitivamente, que usted como lector se haga sus propias preguntas y encuentre sus propias respuestas.

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La educación de los sexos, semilla epistémica de atrevernos a saber.

Ideas sueltas a la luz de Teoría y Práctica de la Educación Sexual

Tal vez por formación académica con una mezcla de placer solitario, me gusta escribir. Me gusta escribir de lo que escucho, lo que veo, lo que siento y últimamente, inspirado por mi Máster en Sexología, escribir de lo que leo. Sin mayores pretenciones me gustaría compartir con usted, algunas ideas, comentarios e inquietudes surgidas después de leer el texto Teoría y Práctica de la Educación Sexual, del Dr. Efigenio Amezúa, que como la mayoría de sus textos, es imposible abarcar respetuosamente en tan pocas líneas.

Con la lectura del texto me he hecho la pregunta básica de ¿Cuál es la educación de los sexos que se impone en mi medio particular? Y muy a mi pesar me doy cuenta de que no es otra que la de la actualización de los anteriores problemas, la del sexo como algo que prohibir, algo que permitir a toda costa, algo de lo que hay cuidarse, pero sin duda no algo que haya que cultivar.

Más aún, me sorprende que esa actualización de los anteriores problemas está legitimada por lo principales (principales en figuración) exponentes de la sexología local con la ayuda de los medios de comunicación. No veo que se le apueste a la Modernización de los Sexos, de ambos sexos y al acercamiento real al hecho sexual humano a través de sus enriquecedoras rutas y no con un DSM(n) debajo del brazo.

Estamos hablando de sexo y no estudiando/enseñado sobre los sexos, estamos lejos de la verdadera educación. En este caso, parafraseando a Savater me he preguntado ¿Educar para qué? Y me aventuro a responder con los elementos del texto citado, que debemos educar para comprender la sexuación de los sujetos como un fenómeno por el que todos y todas se hacen (nos hacemos) sexuados, nos vivimos, sentimos, expresamos y comportamos como tales.

Comprendo como usted dice el Dr. Amezúa, que los sexos han sido mirados desde muchas epistemes, la psico, bio, socio, etc; pero no están siendo mirados desde su propia episteme. Y para poder hacerlo hay que conocerla, re conocerla y apre(he)nderla.

La teoría del Sexo/Género

En el camino de la estructuración de la educación sexual, un eje principal son las mujeres y su absoluta necesidad de comprenderse y ser comprendidas y nombradas como sujetos sexuados y no como objetos sexuales de los hombres. El texto nos permite reafirmar la idea de la gran oportunidad que perdimos todos con el fenómeno de la cuestión de las mujeres. No pretendo de ninguna manera desvirtuar su lucha política, pero me apena el desvío y la tardía forma de comprender, aún no de forma unívoca, que la Cuestión de las Mujeres está incluida en la Cuestión de los Sexos. Así, si se hubiese visto el verdadero enemigo, que no era el hombre en sí, sino el modelo, otros pasos estaríamos dando ahora diferentes a superar esa lucha intestina aún medio vigente.

La teoría de género, la mujer genérica como resultado político a la hegemonía del hombre, es un fenómeno comprensible en su espacio y tiempo particular. Pero he aprendido que la Cuestión Sexual no puede resolverse desde uno de los sexos, debe hacerse desde cada uno, y entre ellos, y a través de ellos.

Para combatir el concepto sexo como discriminación nació el género, la historia nos ha demostrado que bien o mal ese paso se dió, pero lastimosamente muchas de ellas tuvieron que dejar de ser mujeres para ser mujeres, y con ello nos han intoxicado a muchos, que llegamos al mapa del hecho sexual humano todavía con términos como género, rol de género, rol de indumentaria, deber ser, etc... alejándonos del sexo (de los sexos) con la intención de comprenderlos. Que paradójico. “Si la lucha política ha sido urgente, la epistemología es importante” y muchas veces nos ocupamos de lo primero, olvidando lo segundo.

Después de leer este texto que les recomiendo ampliamente, comprendo que las nuevas masculinidades y las nuevas feminidades son una falacia. Debemos hablar de los sexos y como ellos se sexúan en una época específica, en un espacio específico. Entonces no son de plano nuevas (masculinidades y feminidades), sino que son parte de cada uno de los sexos, de unos y otros. De los sexos ahora, del hombre y de la mujer de ahora, no es genérico, es sexual (de los sexos). De unos sexos estudiados por una teoría de los sexos moderna, que comprende que ellos (los sexos) se atraen, se buscan y desean convivir; que trata a los sexos por igual, que es científica.

Confieso que a veces he pensado que los sexólogos de primera generación (los que iniciaron este apasionante camino), enfrentados a la Psychopathia Sexualis, podían pecar de superficiales, o banales, pero leyendo y releyendo me doy cuenta que no había que buscar enfermos en dónde no había enfermedad, ni buscar terapia en dónde la educación como comprensión de los fenómenos era suficiente.

La educación de los sexos

La educación de los sexos será la semilla de la nueva gran ruptura epistémica, la ruptura epistémica de atrevernos a saber. Es esa nueva revolución sexual silenciosa, paciente, no tan rápida como algunos queremos, pero que avanza.

Si miramos el mapa del hecho sexual humano, que poco a poco comprenderemos en este blog, nos daremos cuenta de cómo los modos (Hombre y mujer) se dan en el sexo y la sexuación y cómo los matices (Heterosexual y homosexual) tienen su expresión en la erótica y la amatoria.

La clínica ha usurpado lo que es o debe ser el objeto de la educación de los sexos, creando historias clínicas en vez de conocer biografías sexuales, patologizando lo que son las particularidades, porque Las dificultades comunes son muchas, pero los trastornos son muy pocos”

Para qué preocuparnos de la extensa lista de los elementos sexuantes, si el Quid del asunto es la egosexuación. Al sujeto sexuado, al usuario, al ciudadano del común, tal vez no le importen los elementos sexuantes. Por lo tanto es más pertinente a la sexología ayudarle a leerse en el mapa, situarse en él, no en los antecedentes del mapa. No recorrer las rutas anteriores, ni todas las rutas posibles, recorrer la ruta particular de su propia biografía.

¿Suena trivial? Tal vez, pero para la egosexuación, poco importan los aspectos hipofisiarios o suprarenales, o hipotalámicos, que llenan la boca de muchos sexólogos y científicos. Sé que los conductuales, experimentales, simbólicos sí, pero esta no es una sopa a disgregar para ver qué pizca de esto o de aquello existe. Partir de la egosexuación me parece la opción del acompañamiento y la educación sexual.

Una educación sexual para SER, para Comprender, Para Vivir-Se. Y con ella la puerta abierta para los Hijos del Deseo (como los llama el Dr. Amezúa), ya no los del instinto sexual o los del condicionamiento social. Son los nuevos hijos, los hijos del deseo de la pareja de amantes. Así nos alejamos del mono desnudo hasta llegar al placer del ars amandi.

De soltarle la mano al mono desnudo, llega el nuevo concepto de pareja y de familia. Familias fruto de los deseos, de los proyectos, de la elección. Que me recuerda a Stephen King en su libro The Body cuando decía, palabras más o menos, que es extraño que los miembros de una verdadera familia se críen bajo el mismo techo.

Al final, no resta más que reconocer el fracaso de la educación sexual actual, dedicada en la mayoría de las oportunidades a hablar de sexo, del sexo que se hace y no del sexo que se es; por lo tanto, es comprensible educar desde y para la asistencia y no para excitar el conocimiento y el goce de ser sujetos sexuados con modos, matices y particularidades.

La sexología es una asignatura pendiente, no de pizcas, sino de fondo. Los seres sexuados la reclaman, está dentro de sus prioridades, amar y ser amados (la pareja) y con la comprensión del hecho sexual, las cosas serán, no más fáciles, pero sí más simples, después de comprender los fenómenos del complemento, desde la compaRtibilidad; con sus respectivos contenidos actitudinales, conceptuales y procedimentales.

 

 

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¿Por qué hablo del Sexo que se Es?

Me pregunta Carlos Alberto, por qué insisto tanto en el Sexo que se ES. Y quiero extenderme un poco ello para aclarar las dudas al respecto, sirviéndome de un interesante ejercicio planteado por el profesor y sexólogo Silverio Saénz Sesma.

El término Sexo ha sido de alguna forma manoseado por sus usuarios (es decir nosotros, usted y yo) que lo hemos vuelto polisémico, hasta a veces desvirtuarlo. Por ejemplo:

  • Por favor diligencie el formulario e indique su sexo.

  • Nos gusta practicar sexo dos veces por semana.

  • Ella lo miraba, mientras se acariciaba su sexo.

  • Últimamente tengo menos pena al hablar de sexo.

El en primer caso me refiero al “sexo que se es” (hombre o mujer), en el segundo caso al “sexo que se hace” (coito), en el tercer caso al “sexo genital” (pene, vulva) y en el último a un intento de concepto que a veces habla del sexo que se es, otras veces al que se hace y otras veces al que hay dentro de la ropa.

Cuando hablo de sexo en este blog, me refiero al sexo de los sexólogos, al “sexo que se es” a ser hombre y mujer, con todas sus similitudes, diferencias y particularidades. El “sexo que se hace” es una parte de cómo vivimos el “sexo que se es”, y el “sexo genital” es un componente, con la que podemos vivir la erótica (o sexo que se hace), pero no la única forma de hacerlo.

¿Vamos bien Carlos? Espero que si.

Entonces al hablar de sexo hablamos de hombres y mujeres, de su biografía sexual, de cómo se constituyen como tales (hombres y mujeres), de como viven su erótica, su amatoria, su relación de pareja, sus particularidades eróticas, sus matices (homosexual y/o heterosexual), etc. Así, no reducimos el sexo la forma en que usamos nuestros genitales, sino que lo elevamos a quiénes y cómo somos cada uno de nosotros como sujetos sexuados.

En próximas oportunidades miraremos que es eso de sexualidad, erótica, amatoria, pareja, particularidades eróticas que quedan tan solo nombradas en este post. Por ahora, lo importante es que nos veamos como seres sexuados (hombres o mujeres) y al sexo como un componente fundamental de nuestro ser y no como un elemento funcional / genital.

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El sexo es o no parte de la felicidad

- Observaciones a un lector de este blog -

Me llega un correo manifestando una cierta inconformidad con algunos de mis planteamientos en el artículo de las “parafilias”. Me da gusto recibirlo y hacer algunas precisiones al respecto, dejando claro que no siento cátedra en el tema, que sería mucho más interesante para el lector recurrir a literatura especializada y a sexólogos contemporáneos como Efigenio Amezúa, Juan Lejárraga, Agustín Malón, entre otros, para tener una visión más académica del tema en cuestión.

Sin embargo, quiero dar unas puntadas al respecto, teniendo muy claro que el tema no quedará agotado y más aun, que tal vez ni responda a la inquietud de mi interlocutor.

Comencemos por algo básico, la conceptualización. Cuando titulé “Parafilias” tenía una intencionalidad publicística. Su nombre no tiene cabida en mi episteme sexológica, parafilias es un término patologizante ligado al DSM IV y a la escuela estadounidense de la psicología y la psiquiatría. Para la escuela que comparto, no son más y tampoco menos que Particularidades Eróticas, componentes sustanciales del Hecho Sexual Humano.

Me dice el lector que “Según entiendo, una parafilia existe cuando la fuente PREDOMINANTE de placer no es la copula sino otra práctica sexual. Es diferente que las personas tengan comportamientos sexuales salidos del esquema y que disfruten de una excitación por eso; lo preocupante sería que la única fuente o la predominante sea ese elemento salido del esquema.”

Querido lector, la cópula como fuente de placer sexual único, por excelencia, es una visión reduccionista del mismo. Si partimos de la premisa de que el Sexo es un Valor, y de que el sexo en un componente sustantivo del ser humano, que el sexo es sexo y no es sólo placer, que el sexo no es sólo reproducción, etc, su aporte, que tanto le agradezco, pierde sustento.

El sexo mi buen amigo no es algo que se practica es algo que se es. Lamento por cuestiones de espacio no poder extenderme en la explicación, pero para muchos y creo entender que usted piensa igual, el problema de las subjetividades sexuales o particularidades sexuales radica fundamentalmente en salirse de ese esquema. Eso es lo que muchos apoyados en la Moral Sexual predominante ven peligroso, y es lo que yo veo valioso.

Le pregunto... sólo por hacer un ejercicio, si para un sujeto sexuado, hombre o mujer, su fuente de placer fundamental está ligada a el placer del gusto y con él encuentra sus mas altas satisfacciones al lado de su pareja, ¿Por qué nosotros debemos tener un problema con ello? Es sólo un ejemplo, y como dirían en mi país, tengo el mismo ejemplo con olores, con tactos, con objetos, con visiones, etc. Mi buen lector, la complejidad del hecho sexual humano radica en que todos somos sexuados, todos tenemos una biografía sexual que construimos día a día, todos vivimos la erótica de forma particular y todos tenemos nuestra propia forma de amatoria. Cada uno, hombre o mujer, homosexual o heterosexual, está ligado de una u otra forma a las filias del la visión patologizante o mejor aún a las particularidades eróticas que pleanteo en mi texto.

Usted me dice: “Ahora, ¿quién podría relacionar esto con la felicidad? Me parece una relación bastante trivial y superficial ver la felicidad como consecuencia del sexo.”

Volvemos al problema del lenguaje. Cuando hablamos de sexo, o por lo menos en este blog, no hablamos del Locus Genitalis. Los genitalia (los penes, las vaginas, los clítoris, las gónadas) no son el Sexo, son los genitales. Si pretendemos hablar de felicidad sustentada en los genitales, vamos por el camino equivocado, si hablamos de felicidad ligada al sexo, hablamos de felicidad ligada a un valor, a una biografía, a una sexuación y es absolutamente posible y además muy deseable.

El sexo no es Reprodución, el sexo no es placer, el sexo es sexo, y no se tiene ni se hace, se vive, se conjuga (Sexuarse) todos los días de la vida.

Se que no es suficiente, el tiempo y el espacio no nos lo permiten, pero para terminar le hago varias respetuosas invitaciones:

  • Olvide por un momento que el sexo son los genitales, le permitirá comprenderlo mejor.

  • Olvide que el sexo se practica. Interiorise que el sexo se vive, porque el sexo se Es y se conjuga a diario.

  • Olvide que el placer per se el la razón de sexo. La razón del sexo es conjugarse, es sexuarse a diario con todo lo que ello implica.

  • Olvide por un momento que le corresponde “preocuparse” por la sexualidad de los demás. Las particularidades eróticas solo deben ser preocupantes si son las suyas o las de su pareja, y estoy seguro que en cuanto dejen de preocuparle y las asuma, será muy satisfactorio.

  • Olvide las superfilialidad que nos han sabido vender del sexo. Si biografía sexual se escribe a diario, no deje que lo hagan crees que es algo accesorio a su vida, no es así, es algo sustancial de su ser.

  • Olvide lo que le digo si le parece contradictorio o riñe con sus principios, su experiencia, su moral, su fe. No entremos en debate por ello. Olvídelo, pero lo invito a acércarse a literatura especializada, ya que usted es inquieto en el tema, donde con más rigor que yo, y con años y años de reflexión, podrá encontrar el constructo de un saber importante.

Gracias por leer este blog.

 

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Las “parafilias”: ¿padecerlas o disfrutarlas?

- Una lectura personal desde el DSM IV y el HSH -

Repasando el Mapa del Hecho Sexual Humano (con el DSM IV al lado), traté de hacer una lectura fragmentada de sus componentes, omitiendo adrede las particularidades que hoy me ocupan, y que son tan mal vistas por algunos.

En este ejercicio veía como Hombre o Mujer pueden ser Heterosexuales u homosexuales y que estos para ser “sanos” sin lugar a dudas, sólo pueden tener coitos penetrativos, sin ningún otro tipo de ejercicio amatorio que el permitido la Moral Sexual Reproductiva (que queda coja en este caso con los homosexuales) como única opción no-enferma de la erótica y la amatoria. Sinceramente, !Que aburrido!

Las particularidades desde las religiones, y ahora desde la ciencia, aveces manejada como una nueva fe, no dejan de ser vicio o enfermedad. Son muchos científicos Neo-Ebings, con su Psychopathia Sexualis moderna, dedicados a permitir o descalificar, a licenciar o castigar los comportamientos de los seres sexuados, cargándolos de consecuencias directas, de moral camuflada en éticas académicas, y de una intención irrespetuosa de controlar las expresiones eróticas y amatorias de los seres humanos.

Como dice el Dr. Amezúa, “En las particularidades sobresale el carácter chocante o sorprendente, leáse original y caprichoso. O más bien, insinuador e incitante. En definitiva atractivo y atrayente”.

Con la inspiración del anterior párrafo del Profesor Amezúa, padre de la sexología moderna española, me di a la tarea de leer todo lo que el DSM IV decía al respecto de las llamadas Parafilias y mirar muchas más opciones de particularidades posibles para hacerme una idea de la riqueza de la experiencia amatoria de los seres humanos, a pesar de la Psychopathia Sexualis moderna del DSM IV.

Leyendo el DSM IV

Dice este texto:

 

La característica esencial de la parafilia es la presencia de repetidas e intensas fantasías sexuales (patologizan las fantasías también, no lo sabía) de tipo excitatorio, de impulsos o de comportamientos sexuales que por lo general engloban: 1) objetos no humanos, 2) el sufrimiento o la humillación de uno mismo o de la pareja, o 3) niños u otras personas que no consienten, (…). Las parafilias que se describen en este capítulo son trastornos que se han identificado de manera específica en clasificaciones anteriores. Incluyen el exhibicionismo (exposición de los genitales), el fetichismo (empleo de objetos inanimados), el frotteurismo (contactos y roces con una persona en contra de su voluntad), la pedofilia (interés por niños en edad prepuberal), el masoquismo sexual (recibir humillaciones o sufrimientos), el sadismo sexual (infligir humillaciones o sufrimientos), el fetichismo transvestista (vestirse con ropas del sexo contrario) y el voyeurismo (observación de la actividad sexual de las otras personas). Una categoría residual, la parafilia no especificada, se reserva para otras parafilias menos frecuentes. No es raro que los individuos padezcan más de una parafilia.”

Siento vicios de medievalidad en el anterior apartado, y lléndome al extremo, aunque los extremos nunca son buenos, si en mi quehacer clínico he de encontrarme parejas con llamados “problemas de parafilias” (a la luz del DSM IV), los prefiero “Enfermos y plenos”, que “Sanos y aburridos”.

Siguiendo con el DSM IV, me llamó la atención como presentan esta Parafilia:

F65.8 Frotteurismo [302.89]

La característica esencial del frotteurismo implica el contacto y el roce con una persona en contra de su voluntad. Por lo general este comportamiento se produce en lugares con mucha gente, en los que es más fácil escapar de la detención (p. ej., aceras, vehículos de transporte público).

El individuo aprieta sus genitales contra las nalgas de la víctima o intenta tocar los genitales o los pechos con las manos. Mientras realiza todo esto, se imagina que está viviendo una verdadera relación con la víctima. Sin embargo, es consciente de que, para poder evitar una posible detención, debe escapar inmediatamente después de tocarla. Por lo general, la parafilia se inicia en la adolescencia. La mayoría de los actos de frotteurismo tienen lugar cuando el individuo se encuentra entre los 15-25 años de edad. Después, la frecuencia declina gradualmente.”

 

Al final de la caracterización de la parafilia dicen los autores “La mayoría de los actos de frotteurismo tienen lugar cuando el individuo se encuentra entre los 15-25 años de edad. Después, la frecuencia declina gradualmente.” Me parece excecivo que se considere una parafilia la excitación con un rose, especialmente a esa edad. Algo que sin duda muchos adolescentes o personas maduras han experimentado alguna vez en su vida y lo pueden haber repetido de forma ocasional. Me parece aun más paradógico que el DSM IV diga que la frecuencia de la parafilia declina gradualmente.

¿No podemos pensar en ella como un una de las muchas exploraciones del individuo sexual? ¿No será esta una experiencia como el primer sexo oral, el día en que vio por primera vez a una pareja teniendo relaciones y se excitó e incluso se masturbó? ¿No es equivalente a la vez que la mascota de un adolescente le olfateó sus genitales y este tuvo una erección?

Se que me dirán, “El problema es la frecuencia, la exclusividad, las consecuencias individuales y con el otro”. Yo diría más bien que el problema va más allá, y es el de pretender encasillar, regular, tipificar, controlar, codificar, fijar o pontificar frente a la riqueza y variedad de la sexualidad humana, sus modos, matices y particularidades.

Decir que Sadismo per se es violencia, denota la intención condenatoria de los expertos. Que el masoquismo se limita a los actos de dolor físico, es cosificarlo y reducirlo. Que no existe belleza en convertir en atractivo e importante algo banal e insignificante, como lo hace el fetichismo, es ser miopes (Ellis). Que la pedofilia real, la que ahora por miedo llaman boylovers o boyteens, pretende dañar a los menores, es imaginar a un naturalista iniciando incendios forestales.

Así podríamos analizar la Abasiofilia, Acrofilia, Agrexofilia, Algofilia, Agorafilia, Aloerastia, Alorgasmia, Altocalcifilia, Amokoscisia, Amomaxia, Andromimetofilia, Anisonogamia, Astenolagnia, Asfixiofili, Basoexia, Belonefilia, Bestialismo, Blastolagnia, Bukkake, Candalagnia, Catafilia, Clastomanía, Clismafilia, Cratolagnia, Crurofilia, Dogging, Electrofilia, Formicofilia, Fratrilagnia, Gimnofilia, Graofilia, Hifefilia, Hipnofilia, Hirsutofilia, Ipsofilia, Lactafilia, Lygofilia, Menstruofilia, Misofilia, Mobicofilia, Nafefilia, Necrofilia, Podofilia, Psicrofilia, Pubefilia, Retifismo, Somnofilia, Tricofilia, Urofilia, Vampirismo, entre muchos otros...

Para finalizar me gustaría plantear dos posibles miradas al tema:

Qué tan expuesto está el ser humano sexuado, asechado por este sin número de parafilias que pueden afectarlo en cualquier momento de su vida. O mejor, a la luz de Mills (teniendo en cuenta su época, su contexto y su biografía) que tan ricas pueden ser su erótica, su amatoria, su vida sexual completa.

 

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¿Soy un niño o una niña?

- Reflexiones a la luz de Mi Vida en Rosa -

Después de muchas recomendaciones, he podido verme la película Mi Vida En Rosa. Quiero compartir con ustedes algunas ideas, de este film que recomiendo ampliamente.

Cuando miro a Ludovic y su insistente pregunta, “¿Soy un niño o una niña?”, no dejo de pensar que más que una vida en Rosa lo que vivió el personaje fue una vida en blanco y negro, donde no existen matices, donde no hay puntos medios, donde conceptos como la intersexualidad, la homosexualidad y, en su caso, la transexualidad no pueden ser posibles.

Te irás al infierno, como se van los sodomitas, los travestis, los degenerados. ¿No es acaso el mundo maniqueo que aun nos presenta la moral sexual de nuestros tiempo? Se que no es lo mismo Colombia, que Puerto Rico, Madrid o Barcelona, pero también sé que siguen siendo, de todas formas, por avanzados que parezcan, lugares en blanco y negro.

Démosle una mirada a los personajes:

LA PSICÓLOGA:

Me parece que desde la comprensión misma de la terapia, hay un error. El niño no va a terapia, porque el niño no tiene el problema. Ludovic se siente niña, los que tiene problema con ellos son sus padres y sus vecinos. Si bien, no todo el que se crea algo está en lo cierto, por lo menos la actitud de la terapeuta debió ser incluyente y dedicarse a “Tratar”, diría yo a “Acompañar” a la familia.

Cuando tenemos disfusiones eréctiles, eyaculación precoz, vaginismo, anorgasmia, el problema no es de uno de los intengrantes de la pareja, es de ambos. Cuando tenemos una niña llamada Ludovic, el asunto, porque no es un problema, es de la familia entera.

Que triste su consejo “Hay cosas que tus padres jamás entenderán. Cuando seas grande podrás hacer lo que quieras”. Algo así como... ellos no entienden, dedícate a ser infeliz, a aparentar y darles gusto. Vive una vida amargada y cuando tengas un buen empleo, cuando tengas dinero, dedícate a ser tu mismo. Espero que no haya muchos de esos psicólogos de condenas, aun en la práctica.

Veo en este caso, que la familia Fabré, necesitaban un sexólogo del Incisex y no una psicóloga como ella. Je je je.

EL PADRE Y LA MADRE:

Para mi hacen parte del mismo grupo. Personas confundidas, no calificadas, amorosas pero asustadas ante una realidad comprensiblemente intimidante. Cuando no se tienen los suficientes argumentos desde la razón, para actuar en consecuencia, se deja el espacio a la emoción, y generalmente, es peligroso.

Por fortuna, para la historia de Ludovic, se comienza a elaborar el duelo. El duelo de la pérdida de un hijo y se empieza a amar a la hija. No es fácil para la familia Fabré, no es rápido, menos aún con la ayuda psicológica recibida. Su mejor terapia, el nuevo barrio y la diferencia que comenzó a rodearlos.

LOS VECINOS:

Comprendo absolutamente la actitud de los primeros vecinos. Si bien, no justifico la ignorancia, tampoco puedo juzgarla. Su intención de protección, alejando a sus hijos y eliminando la amenaza es más que natural. El miedo es uno de los motores más poderosos a la hora de tomar decisiones que se creen correctas, y ellos, no hicieron otra cosa, iluminados por su evangelio y su moral social, que tomar partido. “Si la sociedad no fuera degenerada, no necesitaríamos locos para tratar estos locos” Reiteración común de la teoría de la degeneración, de la visión de la diferencia como enfermos o los viciosos, replicas Krafft-Ebing.

Lo que me parece muy particular y me lleva a una hipótesis es que la comprensión a la diferencia puede ser de forma regular inversamente proporcional al estátus social. Se que es avezado, pero así lo vi en la película y así lo he evidenciado en casos particulares. ¿Será que el sufrimiento ligado a la carencia material hace a los seres mas solidarios? ¿Será que el tener problemas evidentes, nos permite reconocer como normales los problemas de los otros? No se... sólo especulo, muy probablemente esté en un error, sería interesante mirarlo. Sin embargo, muchos de los transexuales que conozco de mi ciudad son de barrios bajos y van con su madre a la tienda de la esquina. Los que no conozco, muy seguramente viven en Italia y España, con sus gastos pagados por sus padres avergonzados.

GRANNY:

La abuela es un personaje único. En este caso, podemos decir que la sabiduría que dan los años, si se logran desligar de las ideologías, no la reemplazan los títulos y la academia. No tenía los elementos, no tenía los juicios adecuados, tal vez, pero tenía la sensibilidad que da el amor sincero. Al igual que Ludovic, la abuela era diferente y eso la acercó a su nieto. “Niño o niña, da igual. Es hijo de ustedes”

LA PROFESORA:

A pesar de aparecer muy poco en la película, a mi juicio es ella la mayor señal de esperanza. Que cambien sus padres y que Ludovic pueda ser la niña que es, no es tan prometedor como tener una maestra como la que vimos. “Entre sus amigos hay algunos que son diferentes. Somos distintos y hay que aprender a aceptarlos a todos”.

ESPERANZA FINAL

Ver a Ludovic en su proceso, me hace pensar en la responsabilidad que tenemos ahora y en la que tendremos más adelante como educadores sexuales. No basta el amoroso consejo de Grany de cerrar los ojos y esperar que el mundo se convierta en lo que deseamos, hay que trabajar por ellos. Si no lo hacemos, los Ludovics del mundo no se irán al infierno, vivirán un infierno que no será otra cosa que aparentar lo que no son por darle gusto a una sociedad que solo vive en blanco y negro.

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About

Comunicador Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín - Colombia) y candidato a Master en Sexología, Educación y Asesoramiento Sexual (Madrid - España)