De las víctimas y su configuración...
En muchos países de occidente se ondean banderas en defensa de las víctimas de agresión sexual, muy especialmente, la de los menores abusados. Nos hemos puesto a pensar en realidad ¿Qué es una víctima?
Al hablar de víctimas desde una perspectiva legal, moral, personal, médica o cualquier otra, nos obliga a comprender que este fenómeno no puede entenderse como un hecho aislado y que como mínimo debe contemplar tres elementos constituyentes a saber: La víctima, el victimario y el hecho que los define como tales. Por lo anterior, mirar sólo una cara de la moneda nos ofrece una distorsión cognitiva del fenómeno y nos lleva a un craso error de interpretación.
Comencemos por decir que hay unas víctimas más importantes que otras. Las hay de primera, segunda y tercera clase. Algunas anónimas otras no, algunas que no se sienten tales, otras que sí, pero hay unas fundamentalmente importantes para agendas privadas y especialmente expuestas en agendas públicas: Los menores de edad que han "padecido abusos sexuales.”.
Configuración de Víctima
Si miramos desde el aspecto legal, una víctima es aquella que sufre un daño provocado por una acción u omisión, ya sea causada intencional o inconscientemente por parte de una persona (victimario), que provoca efectos negativos en la integridad y dignidad de la persona. (Puede extenderse a colectivos de uno u otro lado). En el aspecto legal el carácter de víctima lo asigna la configuración de un delito, no el asumirse como tal o el ser señalado por alguien. (Víctima = Sujeto + daño + victimario + efectos)
Mirar las víctimas desde el aspecto político es entrar en una discusión histórica. Acá sólo me atrevería a mencionar que es un asunto de poder. La tradicional dicotomía entre el que tiene el poder y el que carece de él. En el caso del fenómeno de los abusos sexuales de menores, me aventuro a decir, tal vez a la ligera, que en gran medida podría ser una extensión del fenómeno victimista del feminismo... ¿Machos agresores contra mujeres y niños indefensos? Es un tema por discutir.
Cuando nos acercamos a la víctima desde el ámbito moral, las fronteras se comienzan a diluir. Entramos al juego maniqueo del bien y del mal. De lo bueno y lo malo y sus interminables discusiones e imposibles acuerdos. ¿Quién está en capacidad de definir lo bueno y lo malo especialmente en la erótica y la amatoria de los seres humanos? ¿Cómo desde la moral, comprender el debe ser y/o lo inapropiado en el caso de la sexualidad de aquellos que consideramos menores? Víctima moral, y víctima moral de un abuso sexual de menores, es algo tan ambiguo como el concepto madurez, en el caso de los adolescentes.
En el área médica las cosas pueden ser más simples si así lo queremos. Es víctima de algo quien lo ha padecido. Así, sentir un daño, dolor, enfermedad o pena por un hecho, configura a la víctima como tal. Si no hay estos presupuestos, no hay víctima como tampoco victimario. Sería presuntuoso decir que acá se acaba el tema médico, porque si de hilar fino se trata, en una relación consentida de dos adultos puede haber dolor sin que haya víctima o se genere pena. Pero de todas podía pensarse que es la mas simple.
Por último, y tal vez el mas delicado de todos, está la configuración de víctimas desde el aspecto personal. Ser víctima es una categoría del ser. Puede ser transitoria o permanente, puede ser pesada o ligera, puede ser insoportable o altamente soportable, cómoda y hasta benéfica. Siempre que desde lo personal hay una auto-configuración de víctima se permite una instrumentalización de si para un fin particular (propio o ajeno): Léase cruzada en contra de... lástima a favor de.... movilización en pro de.... y para algunos, esto simplemente funciona.
En otras palabras, hay víctimas que nunca supieron que lo eran o no lo fueron aunque para otros sí eran tales, hay víctimas que dejan de serlo, hay víctimas que quieren dejar de serlo, como hay otras que el hecho de ser víctimas les permite SER.
En el caso de las últimas, ellas adquieren un carácter de sacralidad y sus defensores heredan un sacerdocio que ponerlo en duda es anatema. Pero tienen una condición, sufrir in saecula saeculorum para conservar su estatus, por eso es necesario, apremiante e implacable, endosarle traumas irreparables al hecho, (en al abuso sexual de menores, por ejemplo), para garantizar su perpetuación como tales.
Para terminar....
Sé que hay muchas víctimas que no lo son, otras que lo son y necesitan nuestra atención total. Sin embargo, me cuestionan las consecuencias del hecho que las configura como tales. ¿Que no haya consecuencias irreparables significa que el hecho sea más o menos grave? ¿Superar el hecho lo hace más o menos víctima?. Es claro que negar las consecuencias de un hecho que configura a una víctima sexual, en la actualidad, es ser apóstata de la ciencia victimológica, especialmente si a esta le han mezclado algunas corrientes de medicina forense, psiquiatría o psicología por algún lado. Nada más peligroso que un fenómenos social o político revestido de ciencia para darle legitimidad.
